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sábado, enero 15, 2011

El equipaje.



Se dice por ahí….:
Que hay que levantarse temprano.
Que el deporte es bueno.
Que hay que descansar 8 horas.
Que hay que comer  5 veces al día. Desayunar como un rey, comer como un príncipe y cenar como un pobre.
 Que hay que reírse diariamente, porque la risa elimina el estrés, alivia la depresión, rejuvenece y previene el infarto.  
Que hay que leer y aprender algo nuevo cada jornada que pasa, porque no estamos aquí para ser felices, sino más sabios.
Que hay que perdonar a los que nos ofenden.
Que hay que poner en práctica todo lo que se dice, o sólo obtendremos frustración.
Que no se puede coger lo que no nos pertenece.
El límite que separa ser bueno o tonto es sutil. La frontera entre egoísta y gilipollas es confusa. El egoísmo altruista es bueno porque su interés no se limita a sí mismo, mientras que un gilipollas no ve más allá de la punta de sus pies.
Dicen que la edad es sinónimo de sabiduría. Ahora entiendo que cuando las madres y las abuelas te enseñan a limpiar, no sólo te aleccionan sobre el manejo de una mopa. Te instruyen sobre una lección mucho más importante.
Para llevar a cabo ese largo camino que es nuestra vida, el equipaje debe de ser ligero. Lo importante, no es lo que metes en la maleta, sino lo que no quieres llevar en ella.
¿Con qué viajas tú? ¿Baúles, maletas, o simplemente equipaje de mano?

viernes, enero 14, 2011

¿Ver o no ver?


A veces las cosas no salen como queremos. Si. Es cierto. Pero no significa que tengamos que dejar de luchar por lograr nuestros deseos, por llegar hasta donde soñamos. Una pareja, un trabajo, una familia, un hogar, un hobbie…  todo aquello que deseamos a lo largo de nuestra vida. 
La meta final, la que tenemos todos, reconozcámoslo o no, es la felicidad. Todos queremos ser felices. Para algunos se mimetizará en dinero… amor… salud…. cualquier “típico tópico” puede ser aplicable como símbolo de esa felicidad.
Sin embargo, la mayor parte de las veces, la lucha por la consecución de esos objetivos, es precisamente, la que no nos deja ver con claridad. No vemos el camino, nos perdemos continuamente, y lo que suponía una recta bajo el sol, se distorsiona en espejismos, hipérboles y parábolas.
¿Por qué no nos damos cuenta de que no se trata de buscar la felicidad al final del camino? ¿Es esa realmente nuestra esencia?
¿No se trata de ser felices caminando?