¿Qué pasa cuando no podemos llorar? ¿Qué podemos hacer entonces?
Si las lágrimas ayudan a diluir el dolor, o el odio, la ira, o la desesperación, si puede incluso, que enfaticen la alegría… ¿qué podemos hacer los que nos olvidamos de cómo se llora?
No tengo ese mecanismo de defensa. No sé si es porque ya he utilizado la reserva de agua marina que cada uno tiene, o porque se ha evaporado, pero yo no tengo más lagrimas. Y no se puede llorar sin mojarse. Es imposible. Ya no es llorar.
Quizás por ello, cuando aparece esa necesidad, cuando emerge y notas una cierta presión en la garganta, en ese momento en que los oídos se asordan, el corazón late más fuerte, las pupilas se contraen y de repente tienes frio en las manos. Cuando los labios se entreabren para que entre un poco de aire, y los aprietas, porque no te agrada; cuando tu cara recobra color de repente porque la sangre lo inunda todo…
En ese momento, una bocanada de aire que oxigena todo de repente, y percibes cualquier sonido, y nace un impulso que te aleja del bidón de agua marina. Da igual si está vacío o no. Te vas, y te dejas llevar por otra sensación. Nueva o conocida.
Pero te dejas llevar, sedienta, quien sabe, pero escuchas y te vas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario